LA HISTORIA VIVA DE LA ESCUELA N° 9 (1922-2021) - ENTREVISTA CON MARÍA Y SUSANA MOLFESO

UN CAMINO DE HERMANAS

La idea de Viviana fue muy bien recibida y la realidad es que cada encuentro ha sido un encanto. Al mismo tiempo hemos convivido en un contexto complejo, dada la situación sanitaria en torno a la pandemia. Quizá hoy no nos demos cuenta, pero estas líneas servirán para situar y poner en escena a futuros lectores. Ojalá puedan trascender en el tiempo y formar parte de la historia de nuestro querido Pellegrini.
Dicho esto, la entrevista con María y Susana Molfeso no fue la excepción. Nos estaban esperando con muchas ganas de contar sus vivencias y mientras tanto el almuerzo iba tomando color en una cacerola sobre el fuego que despedía un leve vapor con ese sabor a las comidas de las abuelas.
“En el 49 había empezado clases particulares y tenía que cruzar el campo y me perdí en la tierra. Era la famosa seca”, describe María, la mayor de las hermanas, al tiempo que gesticula con sus manos. Y continúa: “Lloraba como una loca, tenía seis años”. “La Directora que era Nelida Sierra de Tres Lomas me tomó examen y le dijo a mi mamá que si no hacia las cuentas no me aprobaba. A mí me temblaban las piernas y al final me pasaron a segundo grado en Bocayuva que mi papá me llevaba en sulky pero teníamos tres leguas”, cuenta. “Del campo de los abuelos a la 9 íbamos de a pie”, relata Susana que también tuvo un primer paso por la escuela de Bocayuva.
María Francisca empezó su camino por la 9 en 1951, cuando tenía ocho años. Allí transitó desde tercero hasta sexto grado y el mismo camino siguió Susana, aunque nunca coincidieron en la institución. Ambas tienen un hermoso recuerdo de aquellos tiempos. “Mis maestras de la 9 fueron Marta Schamber, Beba López, Mabel Zubieta, Nair Magliano, Adela Brandoni y Clyde Vizcaino”, repasa María casi de memoria. “A Beba y a Mabel las llevaba Horacio Talamo un Fort T”. Por su parte, Susana rememora: “Las mías fueron Clyde Vizcaino, Gilda Carlusio, Rosita Yovine, Elda Berterreix, Adela Muro, Marina Pérez, Mabel Fernández y Mirta Cerro”. Los recuerdos de la escuela son imborrables. María es más efusiva y demostrativa, con el correr de la charla se acuerda de nuevas anécdotas. Susana es más tranquila y serena y previo al encuentro se tomó el trabajo de buscar fotografías. El proyecto se transformó en un equipo enorme de personas que de una u otra manera colaboran a la causa y esa acción comunitaria no tiene precio.
“A mí me gustaba ir a la escuela. Recuerdo un día que bailamos el vals con Elvira Lucero. Nos vestimos iguales: pollera roja de crepe y blusa negra. No me olvido más, éramos re pegadas”, describe la mayor de las Molfeso.
Las historias con los Chávez arriba de la amansadora y el recuerdo de aquella caída de arriba de una petisa: “Con Hugo subimos a la petisa y corríamos carreras. Dimos la vuelta y nos caímos los dos. Tenía el hueso salido, me había quebrado. Era un diversión tonta porque era más peligroso que divertido”, admite con una leve sonrisa. En el hospital se desempeñaba como enfermero Salvador Montalto: “Era bruto, me apretaba la mano y yo le pedía al Doctor Pernin que lo sacara hasta que le dijo que se fuera”. Por su parte, Susana cuenta que también disfrutaba mucho de la escuela: “Me encantaba ir pero no me gustaba quedarme en la casa de los abuelos. Lloraba y hacía la cuenta de cuántos días me tenía que quedar”, se sincera. “Me acuerdo del molino con el tanque arriba, lo tengo grabado. Le tenía tanto terror a ese brocal que no me acercaba nunca”, relata la menor. “Ella tenía mejor letra que yo”, dice María. “Mi cuaderno estaba adornado de faltas de ortografía pero en matemática me sacaba todo de memoria”. En contrapartida, Susana recuerda que “de matemática no quería saber nada pero en las lecciones me iba bien, leía una o dos veces y ya me sabía todo”.
Entre los pasatiempos de la 9 recuerdan que hacían quinta y los alumnos se llevaban parte de la cosecha a sus casas. “Jugábamos a la escondida, a la mancha y a la pelota cazadora. Un día me arranque la uña entera. Era fuerte pero ese día el dolor me superó”, sentencia María.
Los pupitres de cedro con armazón de hierro, la cocina a leña y la bomba elevadora hoy ya no están. Pero la verdad es que la Historia Viva de la Escuela N° 9 no surgió para lamentarnos, sino más bien para reconstruir parte de nuestro pasado y dar valor a una institución formadora de grandes personas que de una u otra forma apostaron y contribuyeron a la comunidad que somos hoy.








































